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Falta de preparación
Otro
u otros candidatos han superado tu currículo, expediente
académico o idiomas.
Tu
personalidad no se adaptaba al perfil que estaban buscando.
En el peor de los casos habrán encontrado algunos rasgos
de carácter difícil, desconfianza en uno mismo, falta de
optimismo, timidez excesiva e incluso, prepotencia. Otros
rasgos que echan atrás a los responsables de selección son:
agresividad, soberbia, desequilibrio, falta de iniciativa.
Los
responsables encontraron que tenías demasiado interés en
el sueldo, el horario o los beneficios sociales de la empresa.
Falta
de flexibilidad.
Poco
interés en el proyecto que te estaban ofreciendo. Tal vez
has demostrado que desconocías por completo la empresa que
convocaba el puesto de trabajo, su mercado, su competencia
o sus logros. Desconocimiento del sector.
Pediste
demasiado. A la hora de establecer el salario que considerabas
justo, te pasaste de la rosca, olvidando dejar abierta la
puerta de la negociación.
Historial
académico poco acorde con el puesto ofertado. Bajas calificaciones,
estudios sin finalizar.
Falta
de entusiasmo e iniciativa a la hora de emprender tareas
o esfuerzos nuevos.
Dejadez
en el vestir, desaliño en el aspecto personal. Falta de
higiene.
Pobreza
de las metas personales o profesionales. Falta de ambición
profesional, personal o ausencia de liderazgo.
Negación
a fijar la residencia en otra ciudad o en otro país. No
estabas dispuesto a viajar.
Falta
de actividades extraprofesionales.
Tu
perfil difícilmente encajaría en el grupo de profesionales
que ya trabaja en ese departamento: importante diferencia
de edad, cultural o de cualquier otro tipo.
Mal
estilo: has criticado tu anterior puesto de trabajo, a tus
compañeros o jefes más inmediatos o su política de empresa.
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